lunes, 10 de noviembre de 2014

VUELTA DE EL CAIRO A MADRID- BAILÉN. 15-09-2014


            Temprano. Bien temprano nos levantamos. Acababan de abrir el comedor para el desayuno. Eran las 6 de la mañana. Amanecía un día maravilloso y las pirámides nos despedían desde la habitación. Habían sido 7 magníficos días desde nuestra salida de Madrid. Desayunamos muy bien, pues hasta el avión poco íbamos a poder tomar. Algún aperitivo en el aeropuerto  y poco más hasta el avión.
Amaneciendo en las pirámides
            Nos recogió el autobús con todos los compañeros que habíamos estado en esa semana por el Nilo y El Cairo. Unos en un hotel otros en otro diferente, pero a la hora de las excursiones, todos a las mismas. Mena, nuestro guía, muy amable, nos llevó hasta la misma puerta de embarque y aquí empezaron las anécdotas propias de cada viaje. Aparte de las vividas del ”regateo” continuo y constante para comprar cualquier cosa, incluida el agua. Que agobio, en algunos momentos angustia de tener que decir continuamente que no, quitándonos a los vendedores como el que se quita las moscas en el verano.
           
Aeropuerto de El Cairo
El guardia de seguridad del primero de los controles tenía mucha prisa porque la gente entrara en el aeropuerto. Nos dijo, al principio, que lleváramos el carnet y el pasaporte y cuando estábamos quitándonos las correas, botas, zapatos, etc nos indica que teníamos que enseñar también la tarjeta de embarque; no la tarjeta sino el papel donde nos indicaba la agencia que teníamos que cogerla. Los bolsos en la cinta, los pantalones que se nos caían, los pies esperando a las botas o zapatos; en definitiva, el guardia de seguridad se había equivocado, pues sólo era necesario el pasaporte. En ese espacio de tiempo, alguno del grupo, perdió algún que otro papel que hubo de buscar debajo de la cinta. Uf, que mal rato pasamos.
            Pasamos el primer cinturón de seguridad. Sacamos nuestras tarjetas de embarque, dejamos las maletas y nos dispusimos a pasar el segundo cinturón de seguridad. Unos por un lugar, otros por diferente. En el de algunos de grupo, hubo problemas porque una mujer llevaba la cara tapada y sólo se le veían los ojos- un niqab- y el guardia de seguridad y la chica que veía los visados de entrada, le dijeron que tenía que vérsele la cara. El marido puso el grito en el cielo. Llegaron más guardias y, al final, la chica se levantó el velo para que se le viera la cara. Un episodio que nos gustaría que aquí en España no sucediera y que ya está empezando a suceder. Allí no se lo consienten y aquí, sí. Malamente vamos, autoridades.
Volando con Egyptair
            Nos sentamos ya en el interior de aeropuerto, con todos los controles pasados y nos sentamos en un bar a tomarnos un café, tranquilamente. ¿Tranquilamente? Les pedimos el café y hablando no nos dimos cuenta de cómo los camareros iban sirviendo a otros clientes que habían llegado después que nosotros. Uno de los que sabía inglés se encaró con ellos y, al cabo de un buen rato, nos pusieron los cafés, y las bebidas solicitadas.
            Hicimos tiempo viendo las tiendas y comprando algunas cosas que siempre quedan para el final y, sobre todo, para gastar las últimas LE que nos quedaban en el bolsillo. No las queríamos para nada; en todo caso, para guardarlas de recuerdo. Nos montamos en el avión. Nos echamos una siestecita, nos pusieron de comer, una comida sosa. Menos mal que llevaba en el interior del bolso algo diferente y llegamos a Madrid.
Terminal 1 de Madrid- Barajas
            Nos despedimos de los compañeros de viaje. Cogimos nuestro coche que nos estaba aguardando en la salida de la terminal 1 y poquito a poquito, sin prisas pero sin pausas llegamos a Bailén. Un increíble viaje habíamos hecho, conocido lugares sensacionales, gente buena y amable, como nuestros guías, Rabeh Hares, Mena y Ali. Gracias a ellos hemos conocido una época de la historia de la antigüedad maravillosa. Un Egipto que nos impresionó desde el primer momento. Que ha dejado en nosotros huella imperecedera y que siempre recomendaremos a nuestros amigos y conocidos para que lo visiten. Sin problema alguno de seguridad o temor.
            A última hora de la tarde- noche estábamos en casa, en Bailén. Habíamos llegado a nuestro hogar, dulce hogar.

            Cándido T. Lorite

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