viernes, 12 de noviembre de 2010

LOGROÑO




La visita a la ciudad de Logroño se nos presentó como una oportunidad de ver como una ciudad es capaz de crecer a partir de su casco histórico, conservando su patrimonio sin tocar ni un ápice. Algo realmente insólito. Un paseo por sus calles nos lleva a contemplar verdaderas bellezas, no sólo antiguas, del Camino de Santiago, sino más modernas. Algunas de ellas las vamos a desgranar poco a poco en este viaje por Logroño.
Nuestra primera visita fue para La Concatedral de Santa María De La Redonda, con la portada principal a la Plaza del Mercado y puertas a la de Caballerías Portales. La remodelación sufrida por esta Concatedral ha sido extraordinaria. La última, antes que ésta, que visité Logroño- solo- estaba en arreglo debido a la limpieza que se estaba efectuando en la misma. Su terminación ha sido todo un acierto. Ha quedado espléndida. Data su iniciación del s. XII; se hace colegiata en el año 1453. Fue reconstruida en el s.XVI y declarada “insigne” por el Papa Benedicto XIII, según Bula del año 1727. Fue declarada Concatedral en el año 1959. Tiene tres naves con dos portadas laterales dedicadas a S. Martín y a La Asunción y la monumental de Los Ángeles a la Plaza del Mercado.
Paseando llegamos hasta la Iglesia de Santa María del Palacio, llamada por los logroñeses, Iglesia- Palacio. Lo más característico de esta iglesia y que sirve de símbolo de perfil de Logroño, es su aguja; una flecha o chapitel en forma de pirámide de ocho lados. Siguiendo la caminata y en el Camino de Santiago encontramos la Fuente del Peregrino y la Iglesia de Santiago el Real. Es una iglesia de una sola nave y cabecera ochavada. En su interior se reunió el concejo del ayuntamiento durante el asedio de los franceses a la ciudad en el año de 1541; tan es así que bajo su reja figura la inscripción:”Este es el archivo de la muy noble y muy leal ciudad de Logroño”. La sed la aplacaban muy cerca en la fuente del peregrino. Siguiendo el camino de Santiago nos encontramos con la Puerta del Revellín. Es la única que queda del recinto amurallado de la ciudad, aunque su nombre es Puerta de Carlos V. En su puerta se realiza año tras año los festejos en honor de S. Bernabé y se evocan los sucesos acaecidos por los franceses en 1543, cuando tuvieron sitiada a la ciudad. Es el único vestigio que queda del recinto amurallado de la ciudad, después del sitio de los franceses.
Un alto en el camino para tomarnos unas cervezas y unos vinos en la llamada Ruta de los Elefantes. Esta ruta es el lugar de reunión de los logroñeses para tomar vino y unos pinchos, como tapa. Se trata de las calles Laurel, S. Agustín y Portales; en total tienen una cantidad de bares consistente en una casa si y otra no, en medio un bar. Nadie es capaz de terminar la ruta al completo en un mismo día.
Un descanso en el hotel con una siesta reparadora para evitar el sol de la tarde y a continuación nos dirigimos a terminar la visita. Lugar imprescindible: la Iglesia de S. Bartolomé. Para mí, la joya de Logroño. Una de las iglesias románicas más bonitas que he visto y ya he visto unas pocas. Una de sus torres se cree que formó parte de las murallas de la ciudad, como defensa de la misma. Fue edificada en e l s.XIII y su torre es posterior. Tiene tres naves con dos tramos. Su portada es un arco apuntado y seis arquivoltas con molduras. En el tímpano aparece el Redentor con la Virgen y S. Juan, los doce apóstoles conversando y parte de la historia de S. Bartolomé. A continuación, nos trasladamos a ver el Palacio de los Chapiteles, antiguo ayuntamiento de la ciudad y el Museo de La Rioja. Terminamos la visita a Logroño visitando el Parque del Espolón, donde pudimos admirar la escultura dedicada al General Espartero. Este parque comenzó a construirse a finales del s. XVIII; primero fue Paseo de Las Delicias, después Paseo de los Reyes y por último del Espolón. Destaca su Concha y la gran fuente central situada al lado de la estatua de Espartero. Aprovechamos que la calle Muro se hacía peatonal en un trozo para ver las actuaciones nocturnas y descansar un poco del ajetreo del día.
Nos despedimos de Logroño y…como siempre hay un pero, el anillo de boda se me olvidó el hotel. A la vuelta de Bailén llamamos al mismo y me lo mandó por correo. Un detalle del hotel que se agradeció.

Cándido T. Lorite















jueves, 11 de noviembre de 2010

CAMINO A LOGROÑO

Salimos de Pamplona, cansados pero satisfechos; la visita había merecido la pena; volver a visitar la ciudad que ya había visto años antes pero vista con otros ojos; con los ojos de la tranquilidad, del sosiego, de la calma y con los ojos de mi mujer, Paqui; es otra forma de viajar. Así merece la pena.
Nos desplazamos camino de Logroño, pero antes es imposible no parar en Puente de la Reina, inicio del Camino de Santiago y dónde se puede admirar casas, palacios, iglesias y el famoso puente de paso de peregrinos. No obstante, antes de llegar nos desviamos a la izquierda del camino para visitar algo realmente increíble, Santa María de Eunate. Hace algunos años en un viaje de reconocimiento del románico, me topé con esta iglesia, yendo de Olite a Puente de la Reina. Es una iglesia románica del s. XII, construida en medio del campo. Sin casas alrededor y acerca de la cual existen una serie de cuentos, de para qué servía, quién la construyó, que utilidad tiene, etc. Se dice de ella que su nombre indica en euskera “cien puertas”, otra que sería Onate que significa “buena puerta”; en latín eunato significa “bien nacido”. Como vemos demasiados significados. Se encuentra en medio de la nada, aunque hoy en día está en el Camino de Santiago; se cuenta que pudiera haber sido construida por los templarios, pues hay muchas marcas de canteros templarios en su sillería; también se dice que pudo haber sido hospital de la Orden de San Juan del Hospital y la más esotérica, indica que el rey Salomón entregó los restos de la reina de Saba para que fueran enterrados en Camino de Santiago y que se entregó a los templarios un código que esta situado en los pórticos gemelos de Eunate y Olcoz. Como ven los lectores hay para todos los gustos. El caso es que Santa maría de Eunate no deja indiferente a nadie que la ve y la visita. Es impresionante.
Llegando al Puente de la Reina nos encontramos con la iglesia de Santiago, románica del s.XII y con la iglesia de los Trinitarios, sin olvidar la calle de los peregrinos y su famoso puente, paso obligado para todos los peregrinos que van a Santiago.

Cándido T. Lorite