jueves, 13 de noviembre de 2014

BILBAO








Museo Guggeheim. Bilbao

Catedral de Bilbao

Teatro Arriaga de Biblao
El día 3 de mayo hacíamos la visita a Bilbao. La última, y única, vez que estuve en esta ciudad se me quedó un regusto muy amargo. La ciudad era fea con avaricia, sucia con ganas, ennegrecida, con un aire contaminado en demasía y, sobre todo, un enorme problema, ETA. Cuando la vi me dije para mis adentros que no volvería a esta ciudad. No me había agradado en absoluto. De esto hace la friolera de casi 40 años. Mucho ha llovido desde entonces. Tanto como…
            La ciudad ha cambiado como un calcetín. Limpia, radiante, con los edificios arreglados, con sus siete calles visitables y visibles y una ría que no olía a mierda, como hacía años. Otra ciudad. Y no estaba, o no se la esperaba, a ETA.
            Llegamos en autobús desde San Sebastián. La estación la teníamos a pie de hotel, así que llegamos rápido, sin prisas. Estábamos en Bilbao hacia las 9’30, bien temprano. Cogimos el tranvía, sacando el billete en la estación de San Mamés. Uno diario que nos serviría para todo el día, validando el mismo cada vez que nos subíamos al mismo; no hay que arriesgarse a las multas correspondientes, por no hacerlo.
Puente sobre la ría de Bilbao

Puente del Arenal. Ría de Bilbao
Nos bajamos en la estación del Mercado de la Ribera. Allí nos echamos al “coleto” un buen desayuno en uno de los bares de las siete calles. Volvimos sobre nuestros pasos, buscando la Oficina de Información turística, situada en la Plaza Circular. Allí nos informaron de lo más importante a visitar en un día, de la ciudad de Bilbao.
            Enfrentamos el día, cruzando el Puente del Arenal, donde por cierto, fuimos captados por las imágenes de la Sexta y salimos en las noticias en toda España, paseando y haciendo fotos, como turistas que éramos. 
Teatro Arriaga
Nos encontramos el Teatro Arriaga, obra de Joaquín Rucoba, de 1890, perteneciente al eclecticismo. Está dedicado al compositor bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga. Justo enfrente se encuentra La Estación de Santander, conocida como la Naja y la Estación de Abando Indalecio Prieto, político bilbaíno de la República.
Iglesia de San Nicolás. Bilbao
Llegamos a la iglesia de San Nicolás situada justo enfrente del teatro Arriaga. Es de estilo barroco, inaugurada en 1756, con planta de cruz griega, en cuadrado y con una cúpula que la corona. Tiene una pequeña rareza: posee dos campanarios con sus correspondientes campanas y una espadaña situada justo en el centro de las dos. La capilla mayor las cuatro exedras son de estilo barroco-rococó, encargadas por el Regimiento Bilbao a Juan Pascual de Mena. Saliendo de la iglesia nos dirigimos hacia Plaza Nueva. De estilo neoclásico y del siglo XIX.
           
Iglesia de los Santos Juanes. bilbao

Cristo de la villa. Santos Juanes. bilbao

En Los Santos Juanes. Bilbao
Nos dirigimos por la calle La Cruz hacia la iglesia de Los Santos Juanes. Iglesia de estilo barroco clasicista del siglo XVII. Hasta el siglo XVII fue la iglesia del Colegio de San Andrés, regido por los jesuitas. En 1767 con la expulsión de los jesuitas el ayuntamiento de Bilbao se quedó con el colegio; la residencia con el claustro se dedicó a cuestiones asistenciales y la iglesia se dedicó a los Santos Juanes (San Juan Bautista y San Juan Evangelista). Cuando llegamos estaba en exposición, situado delante del altar mayor, el Cristo de la Villa. Situado allí por primera vez, en muchos años. Más de doscientos, según los feligreses a los que preguntamos el motivo de su estancia en el lugar privilegiado. Es talla del imaginero franco-flamenco Juan de Beaugrant, del siglo XVI. La talla de La Piedad en el lado izquierdo es del siglo XVIII.
Calle La Cruz de bilbao

          
Pórtico sur de la Catedral de bilbao

Entrada sur de la Catedral de Bilbao
  Salimos de los Santos Juanes y siguiendo la calle nos llegamos hasta la Catedral de Bilbao. Está dedicada al apóstol Santiago. Entramos por el Pórtico sur, la puerta sur. Fue levantado este gran pórtico por el general Villegas,, en el lugar que ocupaba un antiguo cementerio. Tiene siete pilares que sostienen seis arcos de medio punto; el pilar de la calle Tendería tiene grabado las armas de la villa como símbolo de posesión. La puerta de acceso al templo es un vano gótico carente de tímpano, con arquivoltas abocinadas: Por la parte interior el tímpano de la portada está ocupado por una talla de la Inmaculada del año 1783.
Nave central. Catedral Bilbao

            El interior es de planta basilical con tres naves; la central de mayor altura, separadas por una serie de pilares circulares con columnillas adosadas con fajas-capitel lisas.
nave lateral de Catedral de Bilbao
Su descripción la pueden hallar en cualquier lugar de internet. Si indicar que en un momento determinado tuve que llamar la atención a un grupo de turistas españoles y extranjeros, que en vez de hablar en voz baja, lo hacían en un tono de voz muy elevado. Risas y juegos.
Catedral de Bilbao

Relicario de piedra. Catedral de Bilbao
Me pareció oportuno, pues no era el lugar oportuno. Salimos a la plaza, sin poder visitar el claustro por encontrarse en obras. Una pena pues tenía confirmado que es un claustro muy bonito. Otra vez será.
Piedad en la Catedral Bilbao
            En el lado norte se sitúa la puerta de acceso al claustro, la llamada Puerta del Ángel que toma su nombre de un retablo dedicado al arcángel San Miguel que había en el claustro. Su hermosa portada gótica florida es de los primeros años del siglo XVI y fue restaurada a finales del siglo XX. Un parteluz separa las dos puertas de entrada cobijadas bajo arcos carpaneles deprimidos, sobre los cuales se extiende un amplio tímpano decorado con relieves flamígeros inspirados en el símbolo vasco del lauburu.
Puerta del ángel. Catedral Bilbao
Las arquivoltas, que flanquean dos pilares decrecientes, presenta en la parte superior un trasdós conopial, rematado en florón y que enmarca una venera o concha de peregrino, reflejo de la tardía incorporación de esta iglesia a la tradición jacobea. Por este motivo la Puerta del Ángel recibe también el nombre de Puerta de los Peregrinos.
Mercado de La Ribera
            Cogimos camino por la calle Harategi (vaya nombrecitos en vasco) y llegamos hasta La Ribera. Allí nos encontramos con un mercado totalmente nuevo, remozado; no tenía nada que ver con el que yo recordaba, sucio, maloliente, húmedo, con olores poco recomendables, debido sobre todo a la cercanía de una ría excesivamente sucia.
Carnicería en la Ribera. Bilbao

Pescadería en La Ribera. Bilbao
Realmente Bilbao estaba cambiado. Lo visitamos en su interior.
En La Ribera. Bibao

San Antón desde La Ribera. Bilbao
Limpio, con unos puestos ordenados, llenos de toda clase de carnes y pescados. Las verduras en otro lugar. Lo dicho, todo distinto. Salimos y más arriba, nos adentramos en la iglesia de San Antón.
            La iglesia tiene un horario de visitas y un precio de entrada. Durante la misa no se permite la entrada de turistas, fácilmente reconocibles por la persona encargada de la entrada. Fue construida a fines del siglo XV, no es la más antigua de Bilbao, pero sí la más popular ya que su historia está estrechamente relacionada con la de la villa, al estar junto al mercado, al Ayuntamiento, al Consulado y al puente sobre la ría que permitía los accesos y las comunicaciones.
Entrada a San Antón. bilbao

En el lateral de San Antón. bilbao

El templo actual, construido en estilo gótico, es de tres naves escalonadas, divididas en cinco tramos, cubiertos de bóveda de crucería No pertenecen al estilo gótico ni la portada principal ni el campanario. La portada es un bellísimo ejercicio arquitectónico en clave renacentista.
Retablo central de San Antón.Bilbao
El buque del templo lo completan tres capillas -del preboste Leguizamón, Recalde e Ibaseta- abiertas en el segundo tercio del siglo XVI, en estilo gótico-renacentista.
Nave central de San antón. Bilbao

La Piedad en San Antón. bilbao
Dos de ellas están comunicadas hoy día entre sí, y dos van cerradas con rejas de hierro. Desde sus orígenes y hasta el siglo XIX, el interior de la iglesia fue utilizado como cementerio conserva alguna pieza de interés como el retablo plateresco de la Piedad  un San Antón gótico de mediados del siglo XV y un San Antonio de Padua, rococó. Bajo el coro dos figuras de San Cosme y San Damián -titulares de la Cofradía de los cirujanos de Bilbao- labradas en 1664 por el escultor Antonio de Alloitiz.
Estación de Atxuri
Andando por calle Santos Juanes, llegamos hasta la estación de Atxuri. El inicio del ferrocarril en Bilbao, como pone en su fachada “Ferrocarriles Vascongadas” y cerca el Museo Diocesano. Desde luego no era nuestro día, porque se encontraba cerrado, al igual que el claustro de la catedral.
Museo Diocesano. Bilbao
Nos volvimos andando sobre nuestros pasos; pero aprovechando el billete que nos habíamos comprado de tranvía para todo el día, cogimos en Atxuri el tranvía y con él nos dirigimos hasta el Teatro Arriaga. Enfrente de nosotros otra vez la estación de Santander. Cruzamos el puente de nuevo y nos dirigimos hacia la oficina de turismo, situada en la Plaza Biribila.
Ayuntamiento de Bilbao
Nos dieron unos folletos explicativos de lo que hay que ver en Bilbao. Salimos y andando por la calle Buenos Aires, aparecimos en la plaza situada enfrente del Ayuntamiento. Nos hicimos unas fotos y volvimos a cruzar el puente. Andando hacia el Guggenheim, nos encontramos con un barco que daba un paseo por la ría.
Iglesia en la ría de bilbao

Restos de astilleros. Bilbao

Épocas pasadas. Bilbao
Nos montamos en él y nos dimos una vuelta por la ría de Bilbao. Durante este viaje, vimos el Guggenheim desde una perspectiva diferente a la que lo íbamos a ver en tierra firme. También nos dimos cuenta de la ruina que tenía ría. Muchos de los astilleros y casas que en ella hay están derruidos, abandonados y herrumbrosos.
El Guggeheim desde la ría

Magnífica vista del Guggeheim.
Asimismo vimos el nuevo campo de fútbol de San Mamés. Una obra de ingeniería moderna; al menos desde fuera.
Nos abajamos de paseo en barco por la ría de Bilbao y andando por el Paseo de Uribitarte llegamos hasta el Museo de Bilbao, el Guggenheim. Su estructura ya nos había llamado la atención desde el barco, pero de cerca aún era mejor; distinto; novedoso; en definitiva una estructura increíble; algo que ha cambiado la vida de la ciudad de Bilbao, un antes y un después de su construcción.
Delante del Guggeheim. Bolbao
Es obra del arquitecto estadounidense, Frank Ghery y representa el ejemplo de la arquitectura más vanguardista del siglo XX. Es una estructura escultórica, totalmente integrada en el paisaje de Bilbao.
Entrada al Guggeheim. Bilbao
La entrada es un poco cara, 13 euros general y 7’50 para pensionistas. Según las exposiciones que haya merece la pena pagar ese dinero o no. Hay algunas que son realmente extrañas para mucha gente. Lo vimos por fuera y nos dirigimos a comer.
Un símbolo del Guggeheim. Bilbao

Delante del perro del Guggeheim

Un helado rico, rico. Guggeheim
Lo hicimos en un restaurante situado en la calle Iparraguirre, en la cafetería Restaurante El Vienés. Buena comida, abundante y buen precio. Y una atención acorde, familiar. Y a cien metros del museo. Comimos tranquilamente, un cafelito, un rato de charla con la mujer sobre lo que habíamos visto y de nuevo al museo. A verlo bien y a hacernos fotos de rigor. Cuando terminamos nos sentamos en un banco situado enfrente del museo; hacía una tarde espléndida, con un sol que se agradecía.
Desde la ría el Guggeheim. Bilbao

Una vista diferente del Guggenheim. Bilbao
Cuando nos levantamos y miramos a nuestro alrededor el número de ertzantzas que había era muy grande. Los había normales y antidisturbios. Cogimos el tranvía en la estación de Guggnheim, enfrente de la Biblioteca Universitaria de Deusto y a medida que avanzaba el tranvía, lentamente, las calles alrededor del Palacio Euskalduna estaban tomadas literalmente por los geos antidisturbios. Había una manifestación de gente en los alrededores y en contra de la visita del Lehendakari al Palacio. Ese era el motivo. El tranvía también llevaba policías dentro, por si acaso. Nos bajamos en San Mamés y estuvimos un rato esperando a nuestro autobús, que salía sobre las 5’30 hacia San Sebastián, nuestro destino.
Una foto final en  Bilbao.
La ciudad que habíamos visitado era totalmente distinta a la que me encontré hacia los años 70. El alcalde de muchos años, Atucha, la había cambiado como a un calcetín al que se le da la vuelta. Totalmente. Llegamos a la estación de San Sebastián, al lado del hotel. Nos bajamos, nos duchamos, nos cambiamos de ropa y salimos a ver San Sebastián de noche. Un espectáculo, a pesar de la lluvia que nos acompañó.

Cándido T. Lorite

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