sábado, 24 de mayo de 2014

SAN SEBASTIÁN

Salida del tren.
Nos levantamos temprano en el hotel para desayunar, pues el tren, aunque lo teníamos debajo mismo, en la estación de Chamartín, salía bien temprano, a las 8 de la mañana. Llegamos con la hora justa, pues no aparecía puesto en los paneles y no sabíamos exactamente dónde estaría. Al final, y con el tren prácticamente en marcha, nos montamos en él. Parecía que íbamos a tener problemas. Y los tuvimos. Al llegar a Segovia, primera parada, el tren hizo ¡plaf! Se quedó sin energía. Todo el sistema eléctrico se fue a pique, Al tren se le había “pinchado” una rueda. Tardaron más de una hora en arreglar el desperfecto, que consistía en que la parte que iba a Bilbao tenía problemas con la energía que transmitía a todos los demás. Desgajaron ambas partes y con la de San Sebastián, llegamos a la capital donostiarra con media hora de retraso. Según los tramos puestos por Adif, nos correspondía el 25 del precio del billete. Un total de 22 euros, para los dos billetes. Poco para el mal rato que nos hicieron pasar. Hacía más de 30 años que no viajaba en tren y creo que voy a tardar otros tanto.
          
Puente sobre el Urumea. San Sebastián.
  Llegamos a San Sebastián y otro problema. Aparte de que hacía un frio del carajo, en la estación no había ni un taxi y tuvimos que desplazarnos hasta el hotel, unos 2 km andando, aproximadamente. Cuando llegamos iba cabreado, enfadado, mi mujer con frio, con sed, hambre. En definitiva, todo un poema. Malamente empezaba mi vista a San Sebastián, después de más de 20 años de la última vez.
La Catedral de San Sebastián,al fondo.
            Dejamos las maletas en el hotel, un Silken bastante bueno, comimos cerca del mismo y llamé a mi primo hermano José Manuel.
Con mi primo José Manuel
No lo veía desde la última vez mencionada. Quedamos en la puerta de la Catedral a las cinco de la tarde, hora de apertura.
Catedral del Buen Pastor
Fuimos andando tranquilamente, por la ribera del Urumea o calle Árbol de Guernica, aunque ya íbamos abrigados y preparados para todo. La comida nos había elevado el espíritu y quitado todas las penas. Al llegar a la altura de la calle Larramendi, cruzamos y nos encontramos con la catedral. Inspirada en la catedral de Colonia, tiene planta de cruz latina, con tres naves, de 25 metros y la central de 64 metros de longitud. No tiene girola
           
Nave central de la Catedral de San Sebastián
Las naves se segmentan en cinco tramos cubiertas con bóvedas barlongas. Los dos brazos del transepto son iguales. El crucero tiene terceletes entre los nervios principales.
El Buen pastor. San Sebastián
La Capilla mayor tiene una imagen del Buen pastor que cuelga del ochavo central. Es obra de Llimona, catalán, que hizo también las tallas de los cuatro evangelistas. Existe una talla sedente de la Virgen del Rosario, que tuvo capilla propia. El órgano actual se puso en el año 1954. La catedral está dedicada al Buen Pastor.
Bóvedas Barlonags. El Buen pastor.
Con lacatedral, al fondo.
Saliendo de aquí, nos fuimos andando con mi primo por la calle Loyola, peatonal, hasta el Boulevar.
El Paseo de La Concha
Aquí giramos hacia el Ayuntamiento. Vimos el puerto y el acuario, cerrado debido a las últimas lluvias que anegaron y destruyeron parcialmente el mismo.
Ayuntamiento de San Sebastián
Nos dirigimos por calle Mayor hacia la Basílica de Santa María.
Con Igueldo, al fondo
Según mi primo y así constato, es la más bonita de la ciudad.  Es de estilo barroco, construida a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. Aquí se han encontrado restos de otras tres iglesias. La 1ª, de estilo románico, a mediados del siglo XII. La 2ª. De estilo gótico  ¿vasco?, de mediados del siglo XVI. La destrucción de estas dos se debe a los continuos incendios que se originaban alrededor de la iglesia, así como a los conflictos con los militares de la ciudad. Se encuentra en las faldas del monte Urgull, apetecido por todos aquellos que deseaban dominar la ciudad. En el año 1940 se coronó a la Virgen del Coro como patrona de la ciudad. El año 1973 el Papa Pablo Vi le concedió la dignidad de Basílica de Santa María de la Asunción.
Basílica de Santa María
Destacamos en esta basílica, que tiene 55 metros de largo por 32 de ancho, con una portada de estilo rococó. Y en su interior: El altar mayor, obra de Diego de Villanueva. Cuatro columnas dan espacio al camarín de la patrona.
Vista desde el coro de la Basílica.
A su lado y mirando de izquierda a derecha están Santa maría Magdalena, Santa ürsula, Santa Dorotea y Santa maría. El martirio de San Sebastián, en la parte superior es obra de Luis Boccia, de 1889. 
Coro de la Basílica de Santa María
En un lateral del altar mayor encontramos la capilla-Camarín del Cristo de Paz y paciencia, que estaba en un nicho de Puerta Tierra desde el siglo XVI. Al fondo de la iglesia se encuentra el baptisterio con una escultura en alabastro, de Eduardo Chillida y el paso del Descendimiento, obra de Alonso Villabrille, del siglo XVII.
Cristo de Paz y Paciencia.
En el coro se encuentra el extraordinario órgano del que  Marcel Dupré dijera en 1982 que contiene registros tan sublimes que no había encontrado dos iguales en toda su vida.
Están también las capillas con altares a Pio V, el de San Pedro, el de la Soledad y el de Santa Catalina; frente a la entrada principal hay dos obras de Juan de Mena, San Ignacio y San Francisco Javier; el altar de Santa Bárbara, el de San Antonio y el del Sagrado Corazón.
Nave central. Basilica de Santa María
La visita tiene un precio, según mi primo era la primera vez que tenía que pagar de  dos euros. Pero mereció la pena.
Desde aquí nos dirigimos por la calle 31 de agosto hacia la iglesia de San Vicente. Esta es la iglesia más vieja de San Sebastián;
Iglesia de San Vicente. San Sebastián.
se construyó en estilo gótico hacia la primera mitad del siglo XVI. La tosquedad del exterior contrasta con la elegancia del interior. Se le han agregado el pórtico barroco en 1619, la sacristía en 1666 y la escalera del coro en 1784. En 1892 se añadió en la fachada oriental un baptisterio semioctogonal y se cerró el atrio y la puerta meridional.
En San Vicente, con mi primo. San Sebastián
En 1923 se abrieron cuatro rosetones en las fachadas. Como se ve un parche tras otro, aunque su antigüedad sea del siglo XVI. El interior tiene tres naves, siendo la central la más alta; un crucero alineado con las naves laterales, un ábside ochavado y bóvedas de crucería con poderosos contrafuertes y arbotantes.
Retablo de San Vicente. San Sebastián
Alberga un retablo barroco de Alberto Bengoechea y Juan de Uriarte, relata la historia de la pasión de Cristo. Está abierta de 9 a 13 y de 17 a 20 horas durante la semana.
Cristo Yacente. San Vicente. San Sebastián
Nos agradó su vista. A espaldas de ésta y muy cerca quedó el Museo de San Telmo, que veríamos el domingo, día 4, por la mañana.
Andando por la calle Narrica llegamos hasta el Boulevard y allí, a indicación de mi primo cogimos un autobús que nos desplazó hasta el final de la Playa de la Concha.
Palacio Miramar. San Sebastián
Allí, a la altura de la calle Matia, nos bajamos y andando nos dirigimos hacia el Palacio de Miramar, lugar de veraneo del rey Juan Carlos cuando era un crio. El lugar es precioso y tiene unas vistas sobre la bahía maravillosas.
En Miramar. San Sebastián. igueldo y Santa Clara.
Un paseo por sus jardines, unas fotos y de nuevo con José nos dirigimos ahora, a su coche. Lo tenía aparcado cerca. Nos montamos en él y nos subió hasta el Monte Igueldo. Yo quise haber subido en el funicular pero él se empeñó en hacerlo en coche. Llegamos a lo alto. Las vistas de la ciudad desde este lugar son increíbles. Nos dimos una vuelta por el monte, con sus atracciones para mayores y niños, antiguas, tanto que yo me acordaba de ellas tal y como las había visto hacía más de 20 años, que la visité con mi madre de viajera.
Gruta artificial en el Palacio de Ayete.

Jardines de Ayete. San Sebastián.

El día que hacía era realmente típico del norte, aire, fresco y lluvia. Comenzó a lloviznar, sin importancia, pero lo hacía. El llamado sirimiri o “calabobos”. Bajamos de allí y en coche, nos dirigimos hacia el Palacio de Ayete. Lugar de veraneo de Franco, cuando iba a San Sebastián. Desde luego, el dictador se lo montaba realmente bien.
El Paseo de La Concha desde Igueldo. Precioso.
El lugar es muy bonito. Con unos jardines cuidados, con unas vistas increíbles y poco visitado. Parece ser que, al estar un poco alejado del centro los turistas no vienen a verlo. O bien pueden ser las connotaciones políticas del palacio y su habitante.  Desde allí al Peine de los Vientos. La zona más en el extremo del Paseo de la Concha. Se nos estaba echando la noche encima, aunque más que noche era el tiempo totalmente nublado que había.
El Peine de los Vientos. 1-05-2014
Estando en el lugar nos sorprendió una lluvia pertinaz. Nos hicimos unas fotos, como pudimos y nos fuimos. Aún volveríamos el domingo, con más tranquilidad. Nos tomamos unas cervezas con unas raciones de calamares y boquerones anchoados, muy buenos, en el Bar Wimbledon. Un club de tenis, cercano al lugar. Había hambre y sed y nos comimos y bebimos todo con ganas. No dejamos ni las raspas. Jajajajaja. Se nos había echado la noche encima. Jugaba el Sevilla contra el Valencia, la semifinal de no se qué. Lo terminamos de ver en el local y nos fuimos al hotel. Había sido una tarde-noche muy provechosa. El día siguiente lo iba aser aún más, con sorpresa incluida.

Cándido T. Lorite

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