viernes, 4 de febrero de 2011

BARCELONA- 1



Muchos años trabajé, como maestro, en Barcelona y sus alrededores. Amigos hice que duraron años, pero que el paso del tiempo hizo que perdiéramos el contacto por un motivo u otro. Cosas muy interesantes e importantes pasaron en mi vida viviendo en esta ciudad. El nacimiento de mi hija- aunque nació en Jaén-, mi afiliación política, la lucha por la democracia, la asistencia a reuniones más o menos clandestinas, el conocimiento de muchas personas que luego fueron importantes, mucho, en la política nacional y catalana. Mítines de primera época democrática en las Ramblas, con sus puestos y sus pasquines y panfletos y Fuerza Nueva dando caña en cada momento. Tierno Galván, La PlataJunta, Raúl Morodo, Javier Castellanos, Llorente, García Calvo, Raventós, Pujol, Heribert Barrera ,el Partido Andalucista en Cataluña sacando dos diputados por Barcelona , Rojas Marcos en las elecciones de 1977 en Barcelona, etc., etc., etc.
Mucha vida condensada en los años 70, cuando la democracia empezaba a atisbar por las rendijas de cada uno y la lucha contra la dictadura era lo más importante, sin importar nada más que el salir como fuera de esa situación. Manifestaciones y “corridas” delante de los “grises” para evitar recoger algún que otro palo o bala de goma o golpes de los Guerrilleros de Cristo Rey, amparados por la policía de entonces. Marchas contra todos y contra todo. Libertad, Amnistía y Estatuto de autonomía era el grito que se repetía por todos los rincones de Cataluña y de España entera. Todo se consiguió, pero ¿a qué precio?
Cuando salí de allí, en el verano de 1980, habían pasado demasiadas cosas; muchas me parecieron buenas y otras, no tanto. Esas otras hicieron que tardara en volver por Barcelona la friolera de 24 años. Se celebraba el Forum y, deseando visitar el espectáculo me desplacé hasta allí. Aproveché la invitación de mi hermano Lorenzo y su mujer, Pepita, que amablemente me acogieron en su casa de Pineda de Mar; también para hacer de la ciudad el punto de descanso antes de mi viaje a Italia, en busca del románico. Un viaje de muchos km y muchas iglesias y lugares, que tendré que poner en el blog cuando tenga tiempo y tranquilidad para hacerlo. Fueron muchas cosas las que vi en ese tiempo.
Digo que tardé 24 años y la siguiente vez que la visité fue con mi esposa Paqui, en el verano de este viaje, cuatro años más tarde. Poco tiempo en medio pero mi mujer quería conocer la ciudad y no me puede negar. Después de salir de Tarragona, con la decepción en el cuerpo, nos adentramos en la AP-7 para llegar a la Ciudad Condal, al hotel Barceló Sants, temprano y poder empezar la visita lo más pronto posible. El hotel lo reservamos por estar situados junto encima de la estación de metro y tren que nos iba a servir para movernos por Barcelona. De este hotel contaré una anécdota, cuando llegue el momento. Nuestra primera visita: la Plaza España, Montjuic y todos los museos y espacios situados alrededor de esta montaña.
Voy a partir la estancia en Barcelona en varias partes, por la importancia de las cosas que vimos; así, veremos la Montaña de Montjuic, hablaremos del legado de Gaudí, El barrio Gótico, las Ramblas y el Puerto de Barcelona. Dedicaré, aunque quizá no es el sitio un apartado al Forum de las Culturas, celebrado años antes de este viaje. No es el lugar pero no encuentro mejor ocasión para hacerlo que este momento de la visita a Barcelona.

Cándido T. Lorite






lunes, 31 de enero de 2011

TARRAGONA



Salimos de Benidorm después de desayunar y tomamos la dirección a Tarragona. Circunvalamos Valencia y cogimos por la AP-7 dirección a la Imperial Tarraco.
La visita a la ciudad imperial de Tarraco fue una completa desilusión. Quería yo recordar por qué no había visitado la ciudad después del año 1977, aproximadamente, y cuando llegué a la ciudad me di cuenta. No entiendo cómo puede ser considerada Patrimonio de la Humanidad una ciudad como Tarragona, si las comparo, con Cáceres, Segovia, Ávila, Baeza, Úbeda, por hablar de algunas de ellas. La mayoría de los monumentos estaban cerrados por obras, por falta de personal o por cualquier otro motivo. No era lunes, que conste, pues es cuando los museos españoles cierran en su inmensa mayoría, aunque esto no lo entiendo. El caso es que lo poco que pudimos ver lo hicimos rápidamente.
Comenzamos por la vista que teníamos desde nuestro hotel que quizá fue lo mejor que vimos, pues el anfiteatro y la catedral se nos mostró en su totalidad. Cuando luego quisimos visitarlos, no había prácticamente nadie que nos indicara que podíamos ver y que podíamos visitar. Menos mal que unos folletos nos dieron, al menos, a la entrada y pudimos seguir las indicaciones; pero nada más. Además la Catedral estaba en obras, lo que no impidió pagar el precio de la entrada, completa, para poder visitarla, aunque sólo una pequeña parte. Es más, ni el claustro pudimos ver, pues su entrada estaba prohibida, por obras. Un desastre, en todos los sentidos, la visita a la catedral de Tarragona. Dejo una foto tomada por fuera y otra tomada de Internet del claustro. Yo lo había visto, pero no así mi mujer.
Así pues, después de dar la vuelta a la catedral por la calle S. Pablo bajamos por calle Mayor y por la calle Nave llegamos al Museo Nacional Arqueológico de Tarragona. Esta si fue una visita magnífica, bien atendidos por los chicos que se encontraban de guías en la puerta. Todo amabilidad, como debe ser. Le dimos una vuelta completa al museo y dejo, como muestra tres fotos de los objetos del museo. Después de tanto andar nos tomamos un pequeño descanso comiendo en un restaurante pequeño, pero muy coqueto y con magnífico servicio en la calle del Trinquete Viejo. Servicio en español, no en catalán, lo que es de agradecer en estos tiempos.
Un descanso en el hotel nos vino muy bien para continuar, a la tarde, la visitar a la Imperial Tarraco; hacía calor, pero como buenos andaluces no era algo preocupante para nosotros. Nos dirigimos, por la tarde, al Anfiteatro romano, del que tenemos una vista magnífica desde nuestra habitación. Una entrada excesivamente cara para las pocas, ninguna, explicaciones que nos dieron sobre el mismo. Menos mal que algo de cultura tenemos mi mujer y yo y sabíamos algo de ese anfiteatro. Luego de visitarlo nos dirigimos hacia el Parque del Milagro y allí estuvimos viendo un reloj de sol. A continuación una visita al Foro Provincial- una puerta de entrada, es lo que queda, de lo que se supone una plaza porticada romana. A la salida de la ciudad en la carretera 340, con dirección a Barcelona y a 20 km de distancia se encuentra el Arco de Bará, dedicado al emperador romano Augusto, con pilastra, friso y cornisa.
Cómo ven los lectores la visita a Tarragona no fue todo lo provechosa que queríamos y nos quedó un regusto agrio. Tardaremos en volver.

Cándido T. Lorite

UN LARGO VIAJE DE VERANO



Se presentó el verano con ganas de viajar a varios y diversos lugares y aproveché el desconocimiento de mi mujer de ciudades, como Barcelona, Tarragona y Toledo, para desplazarnos a ellas y enseñárselas detenidamente; sin prisas, sin problemas, sin agobios. Pensando sólo y exclusivamente en pasarlo lo mejor posible.
Comenzamos el mismo desplazándonos desde Bailén hasta Almería, dónde saludamos a mi hermana y a mi hija, junto a su pareja; pasamos un par de días disfrutando de su compañía, antes de seguir el viaje hacia Benidorm. En el camino se nos quedó una comida por hacer, con algunas amigas mías de la zona de Murcia, concretamente de Sucina y La Manga, por problemas de olvido de reservas de hoteles. Una pena. La comida quedó aplazada para otra ocasión.
Llegamos a Benidorm al hotel Plaza, descansamos un poco y nos dedicamos a visitar un poco la ciudad y a saludar a unos parientes de mi mujer, dueños de uno de los mejores restaurantes, llamado Rías Baixas, situado al lado de la playa, en la Plaza del Torreón y con un servicio espléndido. Al lado y andando nos desplazamos al Mirador para poder ver las dos partes o playas de Benidorm, la zona de Levante y la de Poniente. La visión de la ciudad es impresionante, aunque a mi, particularmente no me gusta nada. La mole de edificios que impide la visión de cualquier cosa no es la mejor vista de una ciudad. Los enormes y altísimos edificios son la mejor prueba de un urbanismo loco en una época pasada en que se construía de una manera arbitraria, sin tener en cuenta nada más que el lucro. Al día siguiente salimos para Tarragona.


Cándido T. Lorite






viernes, 31 de diciembre de 2010

BARRIO LATINO



Este barrio, llamado así por que los estudiantes en la Edad media hablaban en latín, se encuentra situado al otro lado del río Sena, muy cerca de la Ile de la Cite; se llega a él a través del metro de la línea 4, bajándose en Saint Michel. Si lo hacen andando desde la Ile de la Cite crucen el Puente de Saint Michael o el Petit Point. Aconsejo el primero de los nombrados, de esa manera os encontraréis de frente con la plaza del mismo nombre y la figura del Arcángel S. Miguel, emblema y entrada del Barrio Latino, lugar de queda para los estudiantes parisinos.
Por esta plaza empezaremos la visita a este barrio. Se encuentra situada en el cruce de las calles más importantes del distrito cinco. Es el acceso a las universidades y a La Sorbona, situada en la llamada Montaña Santa Genoveva. La fuente se construyó en 1860 y tiene una monumental escultura del arcángel S. Miguel venciendo al dragón. Subiendo por el Boulevard Saint Michel llegamos, viendo librerías por todos los rincones, una maravilla para los lectores, hasta la iglesia del Cluny; quedan pocos restos de la misma, datada en los inicios del siglo XIV, pero con antecedentes del siglo X.
Subiendo Boulevard Saint Michael, a la izquierda queda Rue des Ecoles que nos va a llevar directamente a la Plaza donde se encuentra La Sorbona, la Universidad archiconocida de París: El nombre proviene de un Colegio fundado en 1257 por Robert de Sorbon, para que estudiaran en él los alumnos pobres de París. La universidad en sí es un siglo más antigua, del S. XII. Después, en siglos posteriores se dividió en otras trece universidades diferentes. Durante los sucesos de mayo de 1968 fue ocupada por unos mil estudiantes. En los alrededores de la misma se vivieron los episodios más espectaculares de la revolución de mayo del 68. Muchos vivimos dichos acontecimientos. Cruzando la rue Cujas esquina Rue Saint-Jacques se puede admirar una magnífica vista de la Sorbona. Subiendo hasta la rue Souflot veremos desde allí una impresionante imagen del Panteón.
El Panteón se encuentra situado en el centro del barrio latino, rodeado de hermosos edificios e iglesias, como la Biblioteca de Santa Genoveva, Saint Etienne du Mont, el Liceo Louis-Le Grand y Henri IV y el ayuntamiento del distrito V de la ciudad. Es un edificio neoclásico del siglo XVIII, hecho por el arquitecto Soufflot. A finales del siglo y antes de ser convertida en iglesia, La Asamblea Nacional decidió dedicarla como templo para albergar los cuerpos de los hombres ilustres de Francia. Por ese motivo en el frontispicio se graba la inscripción “aux grands hommes la patrie reconaissante” (a los grandes hombres, la patria agradecida).
En el Panteón se encuentran enterrados Víctor Hugo, Voltaire, Rousseau, Marat, Zola, Marie Curie, Louis Braille, entre otros muchos hombres de Francia.
En el centro del Panteón se encuentra situado el Péndulo de Foucault, debido a la gran altura del mismo; este péndulo permite comprobar la rotación de la Tierra y la existencia de la fuerza de Coriolis (ver diccionario para explicación).
Saliendo del Panteón, que se puede visitar desde las 9 a.m. hasta las 23 p.m. y que cuesta 8 € podemos ver , la iglesia de Saint Ettienne du Mont; es, sin duda, una de las iglesias más bellas que se encuentran en París. Está dedicada a Santa Genoveva, patrona de París; consta de cinco naves y está edificada sobre una abadía construida por Clovis. Es del s. XIII, aunque el ábside es del s. XV y el transepto del s. XVI. Si llama la atención la torre con su reloj más lo llama el jubé, que es la galería desde donde los párrocos daban sus sermones a la gente; para llegar al mismo se hicieron escaleras de doble caracol. El interior tiene dos órdenes arquitectónicos, El Renacentista y el gótico, separados por el jubé. Se encuentran enterrados aquí Rancine y Pascal. Pero lo realmente importante es que se encuentran las reliquias de Santa Genoveva, dedos y algunas partes del cuerpo, pues el resto lo que maron durante la Revolución.
Al lado se encuentra el Liceo Henry IV donde estudia la futura elite política y económica de Francia. Tiene fama de ser un liceo donde se preparaa los estudiantes para los “Concours”, procesos de selección para entrar en las Grandes Escuelas o Universidades de París. Se entra por nota y no por “enchufe”.Es famosa su torre Clovis, del gótico tardío.
Continuamos nuestra visita bajando por rue Clovis hasta llegar al metro de Cardenal Lemoine, donde cogimos la línea 10 y nos dirigimos hacia Mabillon. Teníamos hambre, buscamos un sitio para comer que no fuera excesivamente caro y encontramos uno en la rue Guissarde, 12, llamado La Boussole (La Brújula ), donde comimos magníficamente por 40 €, los dos. Tranquilos, con vistas a la calle y muy bien tratados. Lo recomiendo para el que vaya por esa zona buscando un buen sitio. Salimos a la rue Bonaparte y de ahí a Saint Germain des Prèss Por cierto, esquina Bonaparte con la Plaza se encuentra un pequeño dibujo de Picasso hecho en honor de su amigo poeta Guillaume Apollinaire.
Saint-Germain-des-Près es la más antigua de París, acabada en 558. Aquí se encuentran los restos del rey merovingio Childebert I. Fue quemada por los vikingos en els. IX y edificada de nuevo en el año mil. La Revolución Francesa la transformó en prisión, con más de doscientos muertos y luego fue sitio para munición y polvo. Este error hizo que una enorme explosión destruyera casi toda la abadía y, sobre todo, su excelente biblioteca teológica. Fue restaurada en els. XIX a su estado actual, quedando los restos de la misma en la actual plaza situada enfrente de ella. Allí se encuentra uno de los cafés más queridos y admirados de París, Les Deux Magots. Antes fue tienda de ultramarinos yen 1885 se transformó en el café actual. Su nombre lo debe a las dos figuras chinas que tiene en el interior del mismo. En sus mesas, en tertulia, se sentaron y se sientan grandes maestros, no sólo franceses, sino españoles. Allí han estado Verlaine, Mallarme, Picasso, Sartre, André Gide, Andrè Breton, Ernesto Sábato, etc Y yo, tal y como aparezco en la foto. La tarde que estuvimos sentados mi mujer y yo la gente no paraba de hacer fotos a los actores, actrices y presentadores que se encontraban sentados a nuestro alrededor.
Terminada la visita nos dirigimos al metro. En Saint Germaine des Près lo cogimos y por la línea 4 llegamos hasta el hotel. Cogimos la maleta, nos montamos en el autobús para desplazarnos al aeropuerto, donde embarcamos con más de 1’30 de retraso. Al llegar a Madrid Barajas, nos bajamos del avión y si no nos damos prisa nos quedamos sin maleta. Me explico: la cinta trasportadora empezó a trabajar antes de que todos los viajeros nos bajáramos del avión y los últimos en hacerlo, nosotros y algunos más, cuando llegamos no había nadie en la cinta y las maletas dando vueltas. Menos mal que la gente es honrada, pues nos podíamos haber quedado sin ellas.
Cogimos el autobús hasta el estacionamiento de Barajas y en coche, despacio, pues venía muy cansado, llegamos a Bailén sobre las 5’30 de la madrugada. Estábamos, como suelo decir, en nuestro hogar, dulce hogar.

Cándido T. Lorite
















































































































miércoles, 29 de diciembre de 2010

ISLA DE LA CITÈ


La Ile de la Cité es la cuna de París; el origen de la ciudad. En ella se establecieron, allá por el año 200 a.C. los parisii, una tribu celta, que fundó Lutecia. Durante el reinado de Clové se hizo capital del reino y, fortificada hasta extremos insospechados, luchó contra los terribles normandos. Poco a poco la ciudad se fue ampliando a ambas orillas del Sena, siendo siempre el centro de la ciudad. Se hicieron los tres grandes monumentos: El Palacio Real- luego la Conciergerie-, dentro del palacio la Santa Capilla y enfrente la Catedral de Notre Dame.
Antes de la revolución tenía veinte iglesias, el palacio del arzobispo de París, cuatro plazas públicas, dos hospitales y una biblioteca. Hoy en día, después de muchas obras en los asiglos anteriores, la Isla de la Cite tiene unos 6000 habitantes y trece calles, además de la Prefectura de Policía y el palacio de justicia. Está unida a las orillas de Paris mediante ocho puentes, siendo el más importante de todos el Puente Neuf o Puente Nuevo, aunque en realidad es el más antiguo de París sobre el Sena. El Punete de San Luis une la Cite con la isla de San Luis, urbanizada en el siglo XVII. Es lugar de residencias muy caras, tranquilas que permiten sustraerse un poco del bullicio de la Cite.
He hablado más arriba de los tres grandes de la Ile de la Cite: Notre Dame , La Sainte Chapelle y la Conciergerie. Describamos un poco cada uno de ellos, para que los lectores sepan que pueden ver. Por cierto, si van en metro deben bajarse en la estación Cite de la línea 4.
Notre Dame es una catedral de estilo gótico, edificada a partir del año 1163 por orden de Maurice de Sully que es quien ordena edificarla, sobre una iglesia románica y ésta sobre una iglesia cristiana bajo la advocación de Saint Etienne. Es uno de los monumentos más importantes de París y emblema de la misma hasta la construcción de la Torre Eiffel. Su fachada mira al oeste y da sobre la misma plaza de Notre Dame. Tiene 130 metros de largo por 48 de ancho y 69 metros de alto.
La parte inferior de la fachada tiene tres grandes portales: El Juicio Final, la Virgen María y Santa Ana. El juicio Final muestra la resurrección de los muertos y un ángel pesando las virtudes y los pecados, mientras el demonio espera para llevarse las almas pecadoras. Encima de los portales y a 28 metros se encuentra una galería con las estatuas de los 28 reyes de Judea; de éstas sólo quedan fragmentos pues fueron destruidas durante la revolución, pensando que eran reyes franceses. La ignorancia siempre ha sido enemiga del arte. Sobre esta galería se encuentra el gran rosetón de 10 metros de diámetro; sobre esta se encuentra una galería de columnas ricamente adornadas y las dos torres con campanario a ambos lados. Subir a las galerías cuesta 8 € y puedes hacerte una s fotos con las gárgolas que se hicieron famosas a raíz de la obra de Víctor Hugo, Quasimodo.
La Sainte Chapelle o Santa Capilla, que se puede visitar junto a la Conciergerie por un precio de 6€, conjuntamente, se encuentra situada al lado de la Prefectura de Policía; mejor dicho, está dentro de la Prefectura. Los controles para entrar son exhaustivos pero es la seguridad la que manda. La Santa Capilla se considera una verdadera joya del arte gótico, edificada durante el siglo XIII, por orden de San Luis de Francia para guardar en ella las reliquias de La Pasión de Cristo. Luis X había comprado a l emperador de Constantinopla la corona de espinas y, por otra considerable suma de dinero, una parte importante de la Cruz de Cristo; para estos dos tesoros mana construir la capilla.
Tiene dos pisos o dos capillas, la inferior para la gente del palacio y la superior, para la familia real. Ambas se encuentran superpuestas: La capilla inferior se dedica a la Virgen María y es relativamente baja, 6’5 metros y fuertes pilares para resistir el resto. El cielo raso se adorna con colores azul y oro. A través de una escalera de caracol se sube a la superior, concebida para ser el relicario de las cosas compradas. Tiene unas enormes vidrieras, 670 metros cuadrados, con la vida de Jesús y el Antiguo Testamento, completo. Hechas en los colores rojo y azul, los restos comprados al emperador de Constantinopla se encuentran en un relicario de plata y cobre.
La Capilla tuvo dos incendios, una inundación del Sena en 1690, el expolio durante la Revolución de sus reliquias y la destrucción de esculturas; el relicario fue a la fundición y se consiguió salvar la corona de espinas que fue enviada a Notre Dame. Al final la Santa Capilla se ha dedicado a archivo. A tener en cuenta que las vitrinas se consideran las más importantes del gótico del siglo XIII, aunque algunas de ellas fueron restauradas.
La Conciergerie es el edificio más grande de la Ile de la Cite. Ocupa toda la parte occidental y es lo que queda del Palacio Real de inicios de la isla. Se convirtió en una prisión en el siglo XV, aunque fue residencia real durante la época de los Capetos.
Durante la época de Felipe el Hermoso el edificio alcanza su máximo esplendor; poco a poco los reyes fueron dejando este palacio para trasladarse a Vicennes y al Louvre y dejando al Concierge la guardia del edificio; más tarde, como queda dicho se convirtió en prisión. A finales del siglo XVIII fue el principal sitio donde fueron llevados todos los prisioneros de la justicia revolucionaria. Difícilmente se salía de ella en libertad. La Revolución Francesa dejó un saldo de 2700 muertos en 179 días de ejercicio, entre ellos María Antonieta, Robespierre, Danton y todos los diputados girondinos, aparte de otros muchos personajes destacados de la época. Se restaura, aunque sigue siendo lugar de sentencias y ejecuciones. Las salas reconstruidas dan vida la época de María Antonieta y otros “huéspedes” ilustres. La monumental Salle de Gens d’Armes da idea de cómo era el lugar: 64 metros de largo, 27’7 metros de ancho y 8’5 de alto fueron testigos de los miles de presos que estuvieron en ella durante la Revolución.
Tiene cuatro grandes torres: La Tour de l’Horloge, la Tour Bombec, la Tour d’Argent y la Tour de César. La primera nombrada fue edificada por Juan II y allí se puso el primer reloj de París. El que hay actualmente se puso en 1585.

Cándido T. Lorite