viernes, 12 de noviembre de 2010

LOGROÑO




La visita a la ciudad de Logroño se nos presentó como una oportunidad de ver como una ciudad es capaz de crecer a partir de su casco histórico, conservando su patrimonio sin tocar ni un ápice. Algo realmente insólito. Un paseo por sus calles nos lleva a contemplar verdaderas bellezas, no sólo antiguas, del Camino de Santiago, sino más modernas. Algunas de ellas las vamos a desgranar poco a poco en este viaje por Logroño.
Nuestra primera visita fue para La Concatedral de Santa María De La Redonda, con la portada principal a la Plaza del Mercado y puertas a la de Caballerías Portales. La remodelación sufrida por esta Concatedral ha sido extraordinaria. La última, antes que ésta, que visité Logroño- solo- estaba en arreglo debido a la limpieza que se estaba efectuando en la misma. Su terminación ha sido todo un acierto. Ha quedado espléndida. Data su iniciación del s. XII; se hace colegiata en el año 1453. Fue reconstruida en el s.XVI y declarada “insigne” por el Papa Benedicto XIII, según Bula del año 1727. Fue declarada Concatedral en el año 1959. Tiene tres naves con dos portadas laterales dedicadas a S. Martín y a La Asunción y la monumental de Los Ángeles a la Plaza del Mercado.
Paseando llegamos hasta la Iglesia de Santa María del Palacio, llamada por los logroñeses, Iglesia- Palacio. Lo más característico de esta iglesia y que sirve de símbolo de perfil de Logroño, es su aguja; una flecha o chapitel en forma de pirámide de ocho lados. Siguiendo la caminata y en el Camino de Santiago encontramos la Fuente del Peregrino y la Iglesia de Santiago el Real. Es una iglesia de una sola nave y cabecera ochavada. En su interior se reunió el concejo del ayuntamiento durante el asedio de los franceses a la ciudad en el año de 1541; tan es así que bajo su reja figura la inscripción:”Este es el archivo de la muy noble y muy leal ciudad de Logroño”. La sed la aplacaban muy cerca en la fuente del peregrino. Siguiendo el camino de Santiago nos encontramos con la Puerta del Revellín. Es la única que queda del recinto amurallado de la ciudad, aunque su nombre es Puerta de Carlos V. En su puerta se realiza año tras año los festejos en honor de S. Bernabé y se evocan los sucesos acaecidos por los franceses en 1543, cuando tuvieron sitiada a la ciudad. Es el único vestigio que queda del recinto amurallado de la ciudad, después del sitio de los franceses.
Un alto en el camino para tomarnos unas cervezas y unos vinos en la llamada Ruta de los Elefantes. Esta ruta es el lugar de reunión de los logroñeses para tomar vino y unos pinchos, como tapa. Se trata de las calles Laurel, S. Agustín y Portales; en total tienen una cantidad de bares consistente en una casa si y otra no, en medio un bar. Nadie es capaz de terminar la ruta al completo en un mismo día.
Un descanso en el hotel con una siesta reparadora para evitar el sol de la tarde y a continuación nos dirigimos a terminar la visita. Lugar imprescindible: la Iglesia de S. Bartolomé. Para mí, la joya de Logroño. Una de las iglesias románicas más bonitas que he visto y ya he visto unas pocas. Una de sus torres se cree que formó parte de las murallas de la ciudad, como defensa de la misma. Fue edificada en e l s.XIII y su torre es posterior. Tiene tres naves con dos tramos. Su portada es un arco apuntado y seis arquivoltas con molduras. En el tímpano aparece el Redentor con la Virgen y S. Juan, los doce apóstoles conversando y parte de la historia de S. Bartolomé. A continuación, nos trasladamos a ver el Palacio de los Chapiteles, antiguo ayuntamiento de la ciudad y el Museo de La Rioja. Terminamos la visita a Logroño visitando el Parque del Espolón, donde pudimos admirar la escultura dedicada al General Espartero. Este parque comenzó a construirse a finales del s. XVIII; primero fue Paseo de Las Delicias, después Paseo de los Reyes y por último del Espolón. Destaca su Concha y la gran fuente central situada al lado de la estatua de Espartero. Aprovechamos que la calle Muro se hacía peatonal en un trozo para ver las actuaciones nocturnas y descansar un poco del ajetreo del día.
Nos despedimos de Logroño y…como siempre hay un pero, el anillo de boda se me olvidó el hotel. A la vuelta de Bailén llamamos al mismo y me lo mandó por correo. Un detalle del hotel que se agradeció.

Cándido T. Lorite















jueves, 11 de noviembre de 2010

CAMINO A LOGROÑO

Salimos de Pamplona, cansados pero satisfechos; la visita había merecido la pena; volver a visitar la ciudad que ya había visto años antes pero vista con otros ojos; con los ojos de la tranquilidad, del sosiego, de la calma y con los ojos de mi mujer, Paqui; es otra forma de viajar. Así merece la pena.
Nos desplazamos camino de Logroño, pero antes es imposible no parar en Puente de la Reina, inicio del Camino de Santiago y dónde se puede admirar casas, palacios, iglesias y el famoso puente de paso de peregrinos. No obstante, antes de llegar nos desviamos a la izquierda del camino para visitar algo realmente increíble, Santa María de Eunate. Hace algunos años en un viaje de reconocimiento del románico, me topé con esta iglesia, yendo de Olite a Puente de la Reina. Es una iglesia románica del s. XII, construida en medio del campo. Sin casas alrededor y acerca de la cual existen una serie de cuentos, de para qué servía, quién la construyó, que utilidad tiene, etc. Se dice de ella que su nombre indica en euskera “cien puertas”, otra que sería Onate que significa “buena puerta”; en latín eunato significa “bien nacido”. Como vemos demasiados significados. Se encuentra en medio de la nada, aunque hoy en día está en el Camino de Santiago; se cuenta que pudiera haber sido construida por los templarios, pues hay muchas marcas de canteros templarios en su sillería; también se dice que pudo haber sido hospital de la Orden de San Juan del Hospital y la más esotérica, indica que el rey Salomón entregó los restos de la reina de Saba para que fueran enterrados en Camino de Santiago y que se entregó a los templarios un código que esta situado en los pórticos gemelos de Eunate y Olcoz. Como ven los lectores hay para todos los gustos. El caso es que Santa maría de Eunate no deja indiferente a nadie que la ve y la visita. Es impresionante.
Llegando al Puente de la Reina nos encontramos con la iglesia de Santiago, románica del s.XII y con la iglesia de los Trinitarios, sin olvidar la calle de los peregrinos y su famoso puente, paso obligado para todos los peregrinos que van a Santiago.

Cándido T. Lorite

lunes, 11 de octubre de 2010

MI VUELTA A PAMPLONA (NAVARRA)


Dejamos Olite con gratos sabores y la retina llena de la tierra de mis antepasados. Nos dirigimos a continuación a Pamplona. Una ciudad que me traía recuerdos de tiempos pasados. La primera vez que pisé esta ciudad fue allá por el año 1964, acabado mi bachiller superior. Mi hermano Fernando que trabajaba en el Diario de Navarra, como linotipista, me invitó a subir a las fiestas de S. Fermín, siempre y cuando acabara la reválida de Bachiller Superior con buena nota (no menos de ocho). Así lo hice, ante la perspectiva de visitar semejante fiesta, de reconocimiento universal.
Me pagó mi hermano la visita, por primera vez a Pamplona, durante los Sanfermines de aquel año, inolvidables para mi. Eso sí, sufrí la odisea de tardar más de 30 horas de viaje en tren. Dirán los lectores que esto lean que eso es imposible. Les diré que el tren, correo (que paraba en todas las estaciones y apeaderos), salió de Jaén a las 8 de la tarde y llegó a Pamplona a las 2 de la madrugada de dos días después. Además, como no había mucho dinero, hice el viaje en tercera, con esos vagones tan “cómodos” de madera a rayas. En fin, una “delicia” de viaje. Tuve tiempo de leer, dormir, hacer amistades, conocer paisajes, tragar humo y, sobre todo,”acabar con las posaderas más duras que una piedra”. No obstante el agradecimiento a mi hermano por poder correr delante de los toros, disfrutar de la fiesta y de la gente. Luego, más tarde, volvería a Pamplona, de nuevo a los sanfermines a disfrutarlos realmente, con otros ojos.
Llegamos a la ciudad a la hora del mediodía, justo a la hora de comer, pero nos dio tiempo, antes de empezar a andar por las calles de la ciudad, de conocer S. Nicolás, el paseo de Sarasate, S. Fermín. Nos decidimos por comer en el mismo hotel donde nos alojábamos, muy bien por cierto, y bastante económico. Por eso voy a decir su nombre. El hotel Maysonnave. Un poco de siesta, porque la tarde iba a ser larga. Comenzamos por visitar la catedral. El claustro, bello, nos recibió con una gran sorpresa: Una magnífica colección de objetos musicales de tiempos remotos. Admiramos un cristo del siglo XIV, inicio del gótico, al igual que las puertas de entrada al claustro y el sensacional calvario.
Un paseo por la calle mayor y aledaños, nos llevó al Palacio de Redin y Cruzat, y a numerosas iglesias de diferentes estilos, como S. Saturnino, Santo Domingo, S. Lorenzo. La cuesta de Sto. Domingo, célebre por la salida de los toros en las corridas, fue otro lugar, junto con Mercaderes, Estafeta, Teléfonos y bajada de la Plaza. O sea, el recorrido de los encierros de S. Fermín; ese que recorrí hacía ya tantos años, ahora lo hacía andando, al lado de la mujer que quiero, tranquilo, pero saboreando cada sitio y lugar y recordando los sitios, los lugares dónde estuve hacía ya la friolera de 46 años, de la primera vez que visité Pamplona. Casi nada. Una vida entera y aún quería volver para vivir otra nueva vida, de otros 46 años al lado de la mujer querida.
Cansados de semejante trajín y de tanto andar, nos sentamos en el lugar lógico para todos aquellos que visitan Pamplona, la Plaza del Castillo, en el café Suizo y allí nos tomamos algo fresquito, descansamos los pies, la mente y nos dedicamos a ver pasar la gente y hablar de las cosas que habíamos visto hasta ese momento. El balance fue bueno. Había merecido la pena.
De allí nos trasladamos a los alrededores de la calle Mayor y llegamos hasta el ayuntamiento. Me compré un sombrero Panamá, del que llevaba tiempo enamorado. Además lo hice en una tienda, la misma dónde hacía muchos años me compré el pañuelo de la Peña La Chantrea, la peña donde estaba mi hermano. He de decir que el color de ese pañuelo no es el típico rojo, sino verde; algo que caracteriza a los de esa peña en exclusiva.
Otro paseo por los parques de Pamplona nos llevó hasta La Taconera y La Ciudadela. En el primero la imagen de la Mari Blanca, una figura muy popular en Pamplona y en el segundo las sendas peatonales nos dejaron una muy grata impresión de la ciudad de S. Fermín.

Cándido T. Lorite

jueves, 30 de septiembre de 2010

LA TIERRA DE MIS ANTEPASADOS





Los ordenadores tiene ese no sé qué, que hace las cosas como si fueran brujería. Lo digo porque el último artículo escrito sobre Viajes ha salido en mi blog de educación, balonmano y otras noticias. Lo dicho, cosas de la ciencia que no entiendo ni tampoco quiero entender a estas alturas de mi vida. Yo lo escribo y ya está. Que salga donde quiera, o donde “quiera el ordenador”.
Continuando con mi periplo viajero en compañía de mi querida esposa, nos desplazamos a la tierra de mis antepasados: Olite. Mi querido hermano Fernando, que en paz descanse, aficionado a la heráldica, entre otras muchas más, se dedicó durante mucho tiempo en averiguar el árbol genealógico del apellido Lorite, natural de la ciudad de Baeza, desde tiempo inmemorial. Todo el que quiera saber acerca del apellido visite la ciudad de Baeza, patrimonio de la Humanidad y verá el escudo de los Lorite en todos los lugares de la ciudad. El escudo de la ciudad es el escudo familiar. Se encuentra situado en el lugar central de la Iglesia de S. Andrés, como uno de los infanzones que se quedaron en Baeza, después de la histórica batalla de Las Navas de Tolosa, allá por el año de 1212.
La entrada a Olite, peatonal, por la Rua Romana, nos transportó unos cuantos siglos atrás. La conservación del pueblo es magnífica, quedando en sus calles y plazas, constancia de su pasado como capital del Reino de Navarra. Desde aquí partieron muchas de las tropas del rey Sancho VII el Fuerte de Navarra a la batalla de Las Navas de Tolosa , entre ellos los infanzones que se quedaron en Baeza, uno de los cuales, de apellido Lorite, quedó en la ciudad con tierras, debido al gran valor demostrado en la batalla de Las Navas. Por eso, mi vuelta a la ciudad en compañía de mi mujer, era para mí muy importante. Se trataba de volver a pisar, ahora en compañía, las calles por dónde anduvieron mis antepasados. Y, la verdad, el pueblo es impresionante. Dentro de su pequeñez actual (no más de 4000 habitantes), está como he dicho más arriba, perfectamente conservado. La primera impresión, ya de lejos, es la visión de su imponente Palacio Real y su Castillo. Ambos marcan la historia de Olite.
Dejamos el coche en la entrada del pueblo, pues está prohibida la circulación por sus calles, excepto carga y descarga, o entrada a los hoteles situados en el centro del pueblo. Lo dejamos al lado del convento de las Mercedarias. La llegada a la Plaza de Carlos III El Noble se abrió ante nuestros ojos en todo su esplendor. La vista desde ella del Palacio de Olite, Palacio Real de los reyes de Navarra, la Iglesia de Santa María, dan a esta plaza y entorno un encanto singular. Después de visitar el Palacio Real, y Santa María la Real, nos dirigimos hacia la iglesia de Santa Engracia y S. Francisco, ambos conventos y después, en agradable paseo nos acercamos hasta las murallas romanas y medievales, terminando con un agradable paseo por sus calles, con un encanto medieval, llenas de casas ilustres, escudos y blasones de la gente importante que llegó a vivir en ella.
Acabada la visita continuamos nuestro viaje hacia la capital, Pamplona. Allí volvía después de haber estado en ella en años anteriores, pero eso es otra historia.

Cándido T. Lorite

martes, 7 de septiembre de 2010

EN BUSCA DEL DONCEL


Cuando salimos de Alcalá de Henares con la sensación de haber vivido en otra época, nos trasladamos hacia Sigüenza, la ciudad del Doncel. Una ciudad anclada en el tiempo, con sus calles y casas, así como sus palacios e iglesias perfectamente conservados; además, cuando llegamos por la mañana temprano, el pueblo aún dormitaba de las fiestas medievales que se habían celebrado y tanto casas, como calles y plazas se encontraban engalanadas con escudos medievales, dando a la ciudad un carácter marcadamente antiguo. Una sensación magnífica. Íbamos de paso hacia Soria, pero dedicamos a la ciudad todo el tiempo que pudimos, que fue escaso pero bien aprovechado. Además como era temprano el calor no apretaba aún y las caminatas fueron tranquilas.
Desayunamos en un bar de la Plaza Mayor, unos churros calentitos con café y zumos- Había que tomar fuerzas para recorrer la ciudad. La Plaza Mayor de Sigüenza se levantaba ante nosotros con sus setecientos años de antigüedad a las espaldas; estaba enmarcada por la Catedral, casas señoriales, palacios y el ayuntamiento. Una plaza realmente bonita en su austeridad. Subiendo por la calle Mayor, en dirección al castillo de Sigüenza nos encontramos con una iglesia románica del s. XI, la de Santiago, parcialmente derruida, pero con una portada magnífica. La llegada al castillo nos permitió unas vistas maravillosas. Continuamos nuestra visita, guiando nuestros pasos hasta la casa natal del Doncel, en la calle de los Herreros. Al lado de la casa se encuentra la iglesia, asimismo románica de S. Vicente, también del s. XII. La imagen que muestro de ella da idea de la grandeza del románico castellano. Continuando por esta calle llegamos hasta el arco del Portal Mayor, con una imagen de la Virgen del Camino, en hornacina abierta bajo una espadaña, sin campana ahora, pero sí antiguamente, que avisaba de los problemas de esa zona del pueblo en la época medieval baja.
La salida al “arrabal” por la Puerta de Hierro nos condujo hacia los monasterios y conventos que había en las afueras de Sigüenza en las épocas antiguas. La mayoría de ellos a lo largo de las calles Valencia y Villaviciosa, en dónde s encuentran también el Museo Diocesano y la Iglesia de S. Vicente Mártir. Dejamos para el final la visita a la Catedral de Sigüenza, pues abría sus puertas hacia las once de la mañana y como llevábamos andando dos horas por la ciudad, decidimos hacer un alto en el camino, justo enfrente de la Catedral. Un zumo nos devolvió algo de las fuerzas gastadas en la visita y nos adentramos en la Catedral, en busca del Doncel.
Tiene su origen en 1124, en los tiempos de Doña Urraca, siendo obispo de la localidad Bernardo de Agén. Su estilo es románico en su mayoría y gótico en la parte final de su construcción. El románico es transición al cisterciense y es una catedral amplia, con transepto y capilla mayor con girola. En el transepto derecho se encuentra la capilla de S. Juan y Sta. Catalina, conocida como la del doncel; allí se encuentra enterrado Martín Vázquez de Arce, Doncel de Sigüenza, con representación de una estatua en alabastro, en posición semiyacente, leyendo. La tranquilidad de la imagen ha hecho famosa esta estatua, tanto como su composición.
La visita terminó bien entrada la mañana y nos dirigimos hacia Soria.

Cándido T. Lorite García

lunes, 9 de agosto de 2010

VIAJE A LA CIUDAD DE CERVANTES



Casi en plenas fiestas del pueblo, el 20 de julio, nos levantamos bien temprano para encaminarnos a la ciudad de Miguel de Cervantes, Alcalá de Henares, lugar donde nació, allá por el siglo XV, el más grande escritor de la literatura española.
La carretera se presentaba como siempre, tranquila, sin prisas; como el que sabe que más tarde que pronto, va a llegar a su destino. Sin agobios. Costó encontrar un sitio donde aparcar en la ciudad, hasta que dejamos la maleta en el hotel y, como de costumbre, dejé el coche en el aparcamiento del mismo, para mi tranquilidad.
Está el hotel situado en plena Plaza de D. Diego, al lado lateral del colegio de S. Ildefonso, con unas vistas al mismo magníficas. Tuve buen acierto al escogerlo. Nada más dejar el hotel nos dedicamos a lo que habíamos venido, a empaparnos de la historia de la ciudad de Miguel de Cervantes, e intentar seguir sus pasos de niñez y adolescencia.
La entrada al claustro del colegio de S. Ildefonso o Universidad de Alcalá, nos deparó una magnífica visión; un claustro doble, magnífico, después de entrar por la puerta principal, una obra extraordinaria de R. Gil de Hontañón, en 1543. De la historia de la Universidad no es sitio para hablar, pues ésta se encuentra en Internet al alcance de todos los lectores. Sólo decir que en ella se graduó como doctora en Filosofía y Letras a María Isidra de Guzmán y de la Cerda, siendo la primera mujer en Europa que lo conseguía. Un honor para esta universidad.
El lugar más inmediato para visitar a continuación era la Plaza de Cervantes; allí nos encontramos con la estatua del escritor que nos miraba desde su altura y, para nuestra alegría, encontramos asimismo, un tiovivo de los antiguos; ni mi mujer ni yo nos pudimos contener: subimos al mismo y nos alejamos en el tiempo muchos, muchos años. Disfrutamos del tiovivo como niños con zapatos nuevos y dejo constancia. Nos fuimos después a visitar en la calle mayor la casa natal de Miguel de Cervantes. Una muy buena conservación de la casa dónde vivió, pues los nativos del lugar indican que “nació en la casa de más arriba” y que luego se mudó a la que ahora se considera su casa natal; nos agradó comprobar cómo vivía la familia y el lugar dónde se desarrolló como adolescente el gran escritor de la lengua española. Una foto con las estatuas de los inmortales D. Quijote y Sancho Panza deja constancia de nuestra estancia en ese lugar.
La visita más inmediata era la Catedral de Alcalá, la de los niños santos Justo y Pastor; cuando terminamos la misma y, antes de seguir el camino, decidimos que ya era hora de tomarnos una refrescante cerveza, justo enfrente de la catedral encontramos el bar para hacerlo, sentados y a la sombra observando el ir y venir de la gente, entrando y saliendo del lugar dónde nosotros habíamos estado antes; allí, tranquilamente hicimos el plano para seguir nuestra visita a Alcalá.
Volvimos por la calle Mayor, animada por mucha gente que entraba y salía de comercios y casas y llegando a la calle Libreros, nos encontramos con Fundación Miguel de Cervantes en un edificio neoclásico, perfecto. Como las fuerzas ya iban fallando decidimos comer en la misma calle Libreros; además teníamos cerca el hotel, donde nos esperaba una merecida siesta; nos ayudaría a soportar la larga tarde de caminata que nos esperaba bajo el sol canicular de Alcalá, visitando las iglesias y conventos que aún nos quedaban; muchos y variados.
Comenzamos por la tarde el paseo por la ermita de los doctrinos, iglesia de S. Ildefonso y nos asomamos al Parador Nacional de Turismo. La iglesia-convento de los Caracciolo nos deparó la agradable sorpresa de verla convertida en biblioteca pública cervantina. S. Basilio Magno, Sta. Catalina de Siena, Corpus Cristi, Santa Úrsula, etc, nos brindó la oportunidad de conocer una ciudad llena de vida y encanto, tanto en tiempos pasados como en presente.
Una ducha, un descanso breve en el hotel y salimos a pasear a la luz de la luna por la calle Mayor y Libreros. En ambas el ambiente era magnífico. Nos sentamos en una terraza y degustamos una buena cantidad de tapas y cerveza que nos sirvió para llenar nuestros estómagos y depararnos un reparador sueño para continuar nuestro camino. Alcalá de Henares nos dejó una imagen de Cervantes, bajo “dos lunas”, una hermosa forma de despedirnos de ella, con un hasta pronto.

Cándido T. Lorite

viernes, 2 de julio de 2010

VIAJE DE RECREACIÓN AL BIERZO Y TURÍSTICO A ZAMORA Y TORO

De nuevo puestos en camino mi mujer, Paqui y yo. Esta vez nos tocaba viajar hasta S. Pedro Castañero, un pequeño pueblo situado en El Bierzo, allá en la provincia de León. Fuimos invitados por los organizadores de la Recreación, la Agrupación Histórico-Cultural Tiradores del Bierzo, en colaboración con la pedanía y Junta Vecinal del pueblo antes mencionado. El viaje fue largo y la llegada al lugar bien entrada la tarde del día 25 de junio. Una vez allí nos dirigimos al lugar de la recreación y saludamos, como es costumbre a los recreadores invitados, llegados en esta ocasión de la región gallega y León, uno del Bruch y nosotros, El Regimiento de La Reyna, desde Bailén.
La acogida por parte de la gente del pueblo fue extraordinaria, cálida y acogedora, como en todos los sitios donde recreamos la historia. La historia a repetir y recrear consistía en la entrada de los franceses en el pueblo y la muerte del cura y 12 personas más que defendieron lo poco que tenían, el 27 de junio de 1810. El sábado los “franceses” nos derrotaron en toda regla echándonos del pueblo, pero el domingo la contienda sucedió al revés; los soldados “españoles” ayudados por el pueblo, que se levantó contra el invasor, echaron del pueblo a los “franceses”, dejando gran cantidad de “muertos” y “heridos”. La recreación acabó con el agrado de todas las personas que la vieron, llegados desde puntos de la provincia de León y Galicia.
Cansados pero satisfechos nos dirigimos el día 27 hacia Zamora, dónde llegamos al inicio de la tarde. Gran casualidad, la ciudad de Zamora festejaba en esos días las fiestas de su Patrón, S. Pedro; la ciudad estaba animadísima, con todas sus plazas- que son muchas- ocupadas por un gran cantidad de gente. Después de dejar las cosas en el hotel en el que nos alojábamos por esa noche, nos dispusimos a hacer el recorrido románico de la ciudad. Las 24 iglesias románicas nos estaban esperando en toda su magnificencia y esplendor.
Hicimos dos recorridos, uno por la tarde del 27 y otro para el lunes 28 por la mañana; no era cuestión de darnos todo el atracón de una sola vez. Menos mal que Zamora es una ciudad que se puede pasear, andar con tranquilidad por sus calles, deleitarse con sus jardines y sobre todo, con su limpieza. Eso sí, esta vez, con más gente porque como he dicho eran las fiestas de la ciudad. La visión de las iglesias de Sto. Tomé, Sta. Lucía, la Magdalena, S. Juan, Sta. María la Nueva, S. Cipriano y un largo etcétera de iglesias, nos dejó el camino expedito hacia la visión que más nos interesaba, la Catedral de León. La vista de la misma entrando por la Puerta del Obispo es realmente extraordinaria. Su cimborrio y su puerta de entrada con la torre lateral se nos presentaron en todo su esplendor románico. Como la gente se encontraba en los alrededores de la Plaza Mayor, la catedral y el castillo estaban casi solitarios, lo que consiguió que la disfrutáramos casi para nosotros solos, todo un privilegio para los amantes del románico como nosotros.
Al día siguiente, lunes 28 terminamos de ver y visitar la ciudad de Zamora, con las iglesias de S. Andrés. Leonardo, Tránsito, Carmen del Camino, etc. Una visión lo más completa posible en el poco tiempo que teníamos de la ciudad de Zamora, románica por excelencia. De allí nos desplazamos a la ciudad de Toro, en busca de su Colegiata e, igualmente, su parte monumental. En media hora de la salida de Zamora nos encontramos en Toro.
Entramos en la parte monumental de la ciudad por la Puerta del Mercado, para llegar directamente a la Plaza Mayor y a la iglesia del Sto. Sepulcro. Desde allí nos desplazamos caminando tranquilamente hacia la Colegiata; para nuestro pesar la entrada principal de la misma está en restauración, con lo que su visión nos quedó prohibida, no así su ábside y su imponente trazado.
La iglesia de S. Julián de los Caballeros, S. Lorenzo, San Salvador, Santi Spiritus, la Trinidad nos congraciaron y nos hicieron olvidar que no habíamos podido ver la entrada de la Colegiata, símbolo de la ciudad de Toro. Un descanso en la Plaza Mayor y unos dulces típicos de la ciudad nos hicieron recordar que la vuelta a nuestra ciudad, Bailén, había llegado. Como de costumbre volvimos al hogar, dulce hogar, para descansar después de nuestro pequeño periplo por tierras leonesas y zamoranas. Hasta la próxima.

Cándido T. Lorite